Mucho se ha hablado recientemente sobre diversos problemas que afectan el campo a nivel nacional e internacional: el desabastecimiento alimenticio, los fenómenos climáticos que dañan las cosechas, la huelga de agricultores en Argentina, el desplazamiento de cultivos tradicionales por cuenta del biocombustible, nuevas pestes de gripe Aviar en Europa, entre otros.
No obstante, hay una noticia a la cual no se le ha dado la relevancia que merece, ya que encierra una problemática de mayor dimensión que todas las anteriores: según el Fondo de Población de las Naciones Unidas , el mundo está a punto de dejar atrás su pasado rural; En 2008, por primera vez, más de la mitad de la población del planeta, 3.300 millones de personas, vivirá en ciudades y hacia 2030, la población urbana habrá llegado a 4.900 millones de personas, mientras que la población rural del mundo disminuirá en unos 28 millones debido a su desplazamiento hacia la ciudad.
Esta inminente realidad, se ha convertido en un fenómeno que debe preocupar no sólo a naciones como Colombia, donde la violencia y la falta de incentivos son su principal causa, sino también a países industrializados que al ofrecer mayores oportunidades de trabajo, cautivan a quienes labran la tierra y producen la comida de la humanidad.
Hablan las cifras
De acuerdo con el Dane en su censo de 2005, el total de habitantes en Colombia es de 48.888.592, de los cuales 31.890.892 viven en las cabeceras o grandes ciudades y el resto de la población, es decir 10.997.700 habitan las zonas rurales. Esta cifra representa un número alto de compatriotas concentrados en el campo, produciendo los alimentos en condiciones no muy favorables.
Desde el exterior, el desplazamiento es un tema de interés para los entes internacionales como la Organización de Naciones Unidas. Muestra de ello es la reciente firma de un convenio con el Gobierno nacional, a través del Acnur -Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados-, para identificar las carencias y vacíos en la política rural y apoyar iniciativas que impulsen el acceso de las personas desplazadas a tierras cultivables para que retornen al campo. Se calcula que a esta población, estimada en 2.5 y 3 millones de personas, le han arrebatado entre 4 y 6 millones de hectáreas y las tierras que las autoridades, a través del Incoder, han adjudicado en los últimos años, corresponden solo a 22 mil hectáreas, entre 2002 y septiembre de 2006.
A lo anterior hay que sumarle el desempleo en las zonas rurales. En el período enero-marzo de 2007 la tasa fue de 7,8% mientras que en el mismo período de 2008 la cifra se incrementó a 8,4%, cifras desestimulantes para zonas que son consideradas las grandes despensas del país.
El aporte de la ganadería
En este sentido, el sector ganadero y quienes lo representamos, hemos venido haciendo un aporte importante en la reducción de la pobreza rural y el incremento en sus condiciones de vida. De acuerdo con Fedegan y el Departamento Nacional de Planeación “la ganadería es la actividad económica con mayor presencia en todo el territorio rural colombiano y representa más de la cuarta parte de la capacidad de generación de riqueza del sector agropecuario”. Con un aporte de 1´200.000 empleos en el 2007, es también el primer generador de empleo directo del país, con una participación del 7% del total nacional, y lo es también en el sector agropecuario, con un aporte del 25% del empleo rural.
La Asociación Cebú, y sus 820 socios, ha contribuido durante más de 60 años a incrementar garantías laborales al campesino, a través del desarrollo y progreso de numerosas empresas ganaderas, producto de una labor permanente de fortalecimiento y mejoramiento genético de las razas cebuínas y sus cruces. Se estima que por cada 100 animales se generan entre 2 y 8 empleos, dependiendo del tipo de producción (leche, doble propósito, cría, levante y ceba). Así mismo, las ferias ganaderas son una importante fuente de trabajo. Asocebú avala anualmente 43 ferias exposiciones y genera aproximadamente entre 7 mil y 8 mil empleos entre directos e indirectos en todos sus eventos.
La indiferencia ciudadana
En las ciudades, parecemos no ser conscientes de que gracias al campesino, todos los días llega el alimento a nuestra mesa. Por eso, el gran reto que tenemos los líderes del sector agropecuario, es abrir los ojos de los ciudadanos colombianos, para que comprendan que los problemas del campo, no afectan solo a este sino a todo el país. Así como hace pocos meses vivimos un hecho histórico sin precedentes cuando los colombianos nos solidarizamos en contra de la violencia, deberíamos lograr una solidaridad similar frente a los grandes desafíos del campo, especialmente en un país de vocación agropecuaria, considerado posible despensa internacional.
No existe un talento humano más dedicado a su trabajo, con más sentido de pertenencia, con menos ansias de poder y figuración y con más sentido social y ecológico, que el campesino. Pero su futuro como mano de obra y artesano de la despensa alimentaria colombiana está en riesgo. Por eso, desde las empresas y desde el gobierno, es necesario velar por el riguroso cumplimiento de las obligaciones laborales y sociales que tenemos con el campesino. Debemos generar incentivos de tipo económico y de bienestar social que les permita vivir dignamente. Igualmente, es prioritario expedir recursos destinados a fortalecer el campo con créditos blandos para productores y vivienda de interés social rural. Necesitamos, con urgencia, ofrecerles las garantías suficientes que impidan su éxodo a la ciudad.
Todos los problemas actuales agrícolas y pecuarios, pueden ser solo una cortina de humo que nos impiden visualizar la verdadera problemática social que enfrentamos y que puede empeorar el panorama futuro: la falta de garantías del campesino. Como lo expresó Martin Luther King: “No duele la maldad de los hombres malos sino la indiferencia de los hombres buenos”.
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