Editoriales > Junio 2009

El derecho a una buena y balanceada alimentación se ha convertido en privilegio de unos pocos y es preocupante cuando dentro de esa población carente de nutrientes se encuentran los niños.

La última encuesta publicada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar  realizada en el año 2007 habla que cerca del 20% de los niños en Colombia  hasta los 9 años no consumen productos cárnicos. Reportan igualmente que un 13 por ciento  de los menores entre 2 y 3 años  y un 21 por ciento entre 4 y 8 años,  no consumen lácteos; es más, el estudio asegura que la mitad de ese mismo grupo poblacional, ni siquiera tiene acceso a una proteína tan básica como es el huevo.

Lo anterior nos lleva a concluir  que de acuerdo con el último censo poblacional realizado en el 2007, de los 8 millones 403 mil niños que existen de 0 a 9 años  más de 1 millón 600 mil no consumen proteínas de origen cárnico  y casi 1 millón 770 mil no incluye los lácteos en su dieta. Esto sin detenerse en otros aspectos de la encuesta donde se habla de la baja ingesta de frutas y verduras siendo más graves en las etapas de gestación y primera infancia que en la adolescencia. La desnutrición va ligada a la pobreza y afecta a las poblaciones más vulnerables del país

Aterrador este panorama, y lo paradójico es que buena parte de esta población infantil vive en áreas rurales donde se producen los alimentos que consumimos  todos los colombianos.

La proteína de la carne y la leche son esenciales en el desarrollo físico y mental en las primeras etapas de la vida. El país está levantando niños mal nutridos sin ninguna expectativa de vida  muchos de los cuales hoy refuerzan  las filas de los grupos subversivos  ante la imposibilidad de tener acceso a una buena educación y a un futuro laboral que les permita llevar una vida más digna. Son pequeños que no han tenido infancia, son niños tristes que se convierten en adultos antes de los 14 años. Nuestra niñez enfrenta un futuro incierto cuando se mezcla el hambre y el analfabetismo, haciéndolos más vulnerables a situaciones de descomposición social.     

De acuerdo con el estudio de Desnutrición Infantil de América Latina y el Caribe, de la Cepal, está comprobado que la nutrición de los primeros años de vida incide en la actividad y crecimiento económico de un país. La inversión en la niñez es la única manera de no perpetuar el ciclo de la desnutrición y de pobreza  que son fenómenos que se mantienen en el tiempo y se transmiten de generación en generación.  Esto sin tener en cuenta las muertes directas relacionadas con este tipo de problemas por anemias nutricionales.  Por ello, si se invierte en romper lo que los expertos llaman el ciclo de pobreza, se tendrán resultados donde a mayor nutrición, mayor índice de matrícula educativa y menor deserción escolar.

Ante estas dramáticas estadísticas no podemos ser indiferentes. Estamos, ni más ni menos frente a las futuras generaciones del campo, pero con familias y niños  mal nutridos,  difícilmente podremos hablar de un sector rural con futuro, fortalecido y de avanzada.

Aunque tenemos claro que esta problemática y su solución es responsabilidad -en buena parte- de las entidades del Estado, encargadas de velar por el bienestar de las poblaciones más vulnerables y dar continuidad a todas las políticas de orden nacional y local coherentes con esta problemática, este es  también un compromiso de los líderes del sector agropecuario y de quienes laboramos en el campo. No podemos permitir que estas cifras continúen creciendo y retrazando el progreso de un país.

Comencemos por nuestros trabajadores en las fincas: busquemos la forma de que sean autosuficientes a través de granjas integrales, brindémosle las herramientas  para aprender y disponer de sus propios alimentos y de sus viviendas, haciendo énfasis en la preservación del recurso natural.

Hay que invertir en el campo. Promovamos la creación de escuelas en las veredas o cerca de nuestras empresas ganaderas y emprendamos programas orientados a contribuir con la nutrición de nuestra población infantil y a generar políticas de orden social que involucren a la familia campesina. La inversión en la niñez es la única manera de no perpetuar el ciclo de la pobreza

Hago una invitación a los empresarios y gremios y en especial a todos mis colegas ganaderos a no perder la sensibilidad social, a emprender programas orientados a contribuir con la nutrición infantil,   pues no debemos olvidar que los ganaderos producimos dos de los productos básicos más importantes de la canasta familiar esenciales para el desarrollo físico y metal de nuestros niños y de todos los colombianos, la carne y la leche.

Juan Santiago Vélez Hernández
Director Ejecutivo
Asocebú

 

Posted: 16/06/2009 7:49:57 by Global Administrator | with 0 comments


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