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De la indiferencia a la solidaridad

La marcha del pasado 4 de febrero, sin lugar a dudas, pasará a la historia como uno de los acontecimientos más importantes del país, por el impacto que causó en el corazón de millones de colombianos, que unidos asestamos un duro golpe político y de opinión a las Farc.

Esta enorme movilización social fue, en cierta forma, un despertar ante el secuestro, fenómeno que durante décadas  afectó en forma exclusiva a empresarios y trabajadores del campo, mermando seriamente la productividad  pues, por fuerza mayor, los dueños de las fincas y los productores agropecuarios, debieron abandonar  su escenario laboral.

Recordemos que en el año de 1965,  Oliverio Lara Bonilla fue el primer ganadero secuestrado en el país, y después de él, han sido miles  los  hombres y mujeres del campo que han sido victimas y aún padecen este delito, muchos de ellos asesinados que perdieron todo a manos de las fuerzas insurgentes.

Infortunadamente es a los ganaderos y a los agricultores a quienes les ha tocado, en mayor proporción, ser víctimas no solo del flagelo del secuestro sino de la extorsión y el abigeato. Si bien, hoy en día estos delitos se han hecho extensivos a cualquier sector y clase social, hace 35 años, eran delitos que principalmente asediaban al campo colombiano. Desde hace más de 3 décadas, han sido muchos los representantes agropecuarios a  quienes les ha tocado negociar su libertad y sentir el temor, en  medio de la noche, de ser arrebatados de su seno familiar. Este acto de atropello a la dignidad humana que hace unos años era víctima de la indiferencia del Estado y de la sociedad civil, hoy une a millones de ciudadanos por encima de  creencias, partidos políticos e instituciones.

Ya no estamos solos frente al problema. El Estado actual, con su política de Seguridad Democrática, ha logrado reestablecer la seguridad en el campo, fomentar el regreso de los ganaderos y agricultores a sus tierras y reducir este delito, que hoy es materia de interés de los diferentes estamentos nacionales e internacionales y de cada uno de los colombianos. Amas de casa, hombres y mujeres de todas las edades, estudiantes y hasta niños son solidarios con esta realidad. Por fin vimos  a todo un país volcado en las calles protestando por un problema que afecta a toda la nación, en este caso en contra de una guerrilla que había aterrorizado todo un país con sus actos de violencia y estrategias de intimidación personal y empresarial, realizadas a nombre del pueblo colombiano. El mismo pueblo que el 4 de febrero le dijo que no compartía esos ideales ni esa manera de proceder. .

Los ganaderos y  en general los hombres y mujeres del campo, pese al conflicto, no perdemos el ánimo. Estamos dispuestos a invertir más y a  trabajar en lo único que sabemos hacer: producir comida para nuestro consumo y el de los países que así lo requieran, y hoy más que nunca, cuando se habla de una crisis mundial alimentaria. Necesitamos  más seguridad y políticas que incentiven la producción y el crecimiento de un país al que Dios privilegió con una de las más ricas biodiversidades del planeta. Por esta razón, el 4 de febrero fue un día histórico, no solo para los secuestrados, sino para todos los ganaderos y agricultores que por fin sintieron que el País entero se solidarizó en contra de un problema con el cual, el campo, más que ningún otro sector, venía cargando de tiempo atrás.

Posted: 01/03/2008 14:52:40 by Global Administrator | with 0 comments


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