Con gran sorpresa, los ganaderos hemos presenciado estas semanas como los líderes y máximos representantes de nuestro sector, acogen con beneplácito la propuesta del Ministro de Minas y Energía, de reducir el número de hectáreas dedicadas a la ganadería para sembrar productos destinados al desarrollo de biocombustibles, partiendo del argumento de la baja productividad de nuestro sector.
Si bien, en varios aspectos, las cifras de la productividad ganadera pueden no estar en sus máximos niveles de eficiencia, es importante analizar dicha propuesta con detenimiento, para no tomar decisiones a la ligera, desconociendo los verdaderos problemas de fondo de nuestro gremio.
En materia económica, el negocio de los biocombustibles es una exitosa tendencia mundial, y Colombia puede tener gran potencial para incursionar en él, pero su desarrollo no debería significar una reducción de oportunidades para otros productos que también viven del campo. Los ganaderos miramos con complacencia todas aquellas actividades que quieran realizarse en materia agropecuaria, porque esa es la esencia de Colombia y porque tenemos el potencial para generar variedad de productos que beneficien al país en su diversidad y productividad alimentaria. Pero el territorio colombiano es lo suficientemente extenso para que varios negocios se desarrollen exitosamente, sin tener que privar a los actuales de su campo de acción.
En el aspecto alimenticio, esta propuesta de expropiación de hectáreas es perjudicial, pues mientras la FAO asegura que las reservas alimentarias del mundo han alcanzado su punto más bajo en los últimos 35 años, Colombia podría concentrarse en impulsar la producción agropecuaria, para garantizar una despensa alimenticia para sus ciudadanos y para exportar. Dedicar 6.5 millones de hectáreas a biocombustible puede generar más ingresos para algunos, pero puede minimizar las posibilidades de abastecimiento alimenticio de todos.
Es cierto que hay varios aspectos en los cuales la ganadería colombiana puede mejorar, pero no por eso debe ser fustigada con la minimización de hectáreas para su desarrollo o con la desestimulación empresarial para abandonar el ejercicio ganadero y dedicarse a otra actividad. En primer lugar, sería importante aclarar cuáles son las verdaderas cifras con las cuáles se está midiendo esta improductividad, ya que ni Ministerio de Agricultura ni el DANE han logrado ponerse de acuerdo en este sentido. Pero más allá de dicha discusión, es injusto medir la productividad ganadera con la misma vara con la que se mide el crecimiento de la economía nacional y de otros sectores, pues muchos de ellos han contado con varios años consecutivos de trabajo para mejorar sus índices, mientras que los ganaderos, hasta hace apenas 5 años, tuvimos la oportunidad de regresar a nuestras tierras, de retomar nuestras actividades y concentrarnos en una verdadera administración de nuestro negocio. No es secreto que con la seguridad democrática del presidente Uribe, renació el ejercicio ganadero, el cual estaba, hasta antes de su mandato, supeditado al olvido y la resignación de la posesión subversiva de nuestro principal activo: la tierra.
Así mismo, es difícil querer tener de la noche a la mañana unos altos índices de productividad ganadera, cuando a la mayoría de empresarios de nuestro sector, les ha tocado valerse por si mismos de herramientas para incrementar su producción, sin contar con el apoyo de una política agropecuaria clara, que estimule al ganadero, que fomente su crecimiento y desarrolle su tecnificación. Sin un sistema claro y efectivo de créditos, de capacitación, de investigación, ni de respaldo presencial, la mayoría de ganaderos ha recurrido a sus propios activos para hacer inversiones que le permitan mejorar sus resultados a largo plazo. Pues a diferencia de otros sectores, que tienen impacto inmediato en sus resultados, la ganadería, al ser un negocio basado en el mejoramiento genético, requiere de tiempo para obtener un claro retorno sobre su inversión.
Por eso, si el sector energético está planteando propuestas claras para seguir creciendo, tal vez sea este el momento propicio para que también escuchen las necesidades de apoyo que requiere el sector ganadero. Tenemos varios compromisos de gran envergadura: han incrementado los precios de los alimentos, hay desabastecimiento alimenticio a nivel mundial, firmamos un Tratado de Libre Comercio en el cual nos comprometemos a exportar lo mejor de nuestra carne, estamos abasteciendo el mercado venezolano y la solución es quitarnos hectáreas donde trabajamos porque somos improductivos? Por qué no aprovechamos esta coyuntura para plantear qué necesita la ganadería para ser más productiva y poder aportar más al crecimiento del PIB nacional?
Tenemos mucho camino recorrido: hemos podido regresar a las fincas y retomar el negocio, hemos incrementado el número de ganaderos especialmente en jóvenes que comienzan a prestar mayor importancia al campo. Hemos logrado que el mejoramiento genético desarrollado en la raza Cebú durante 60 años, sea hoy un producto codiciado a nivel internacional para exportar. Estamos a unos meses de lograr la certificación de Aftosa, hemos posicionado la genética como una alternativa rentable de negocio, incluso para personas de otros sectores. Hemos logrado incentivar la presencia de más de 500 visitantes internacionales que anualmente vienen a nuestros eventos para adquirir conocimiento y genética, y en materia social, generamos anualmente un millón doscientos mil empleos (Fuente: Fedegán).
Debemos producir más carne y más leche por hectárea, no es solo una meta sino también un compromiso socio-económico con el país. Pero será difícil lograrlo si justo cuando hemos abonando el terreno para potencializar nuestro trabajo, comienzan a mutilar nuestro impulso y a desestimular nuestro sector. Es mucho el esfuerzo que falta por hacer, pero no solo por parte de los ganaderos, sino también por parte de los líderes del sector y de todos aquellos que conforman la cadena productiva del sector agropecuario. Por todo lo anterior, en reducirnos las hectáreas no está la solución a la productividad ganadera de Colombia.